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Por Juan Cruz Triffolio
Sociólogo – Comunicador – Regidor ASDE
De haberlo imaginado con anterioridad, sinceramente, no lo hubiese propuesto.
Los muchachos, los gloriosos jóvenes del heroico y ejemplarizante 12 de Enero, no merecen tanta dejadez, irreverencia y descaro.
Al efecto, han transcurrido más de dos años de la aprobación de la Resolución Municipal que autoriza al ejecutivo del Ayuntamiento de Santo Domingo Este a rotular con el calificativo de Los Palmeros la vía paralela a la Autopista Las Américas y nada se ha hecho.
Igual tiempo ha pasado sin que el mismo funcionario haya mostrado interés en colocar cada uno de los nombres de los cuatro colosos izquierdistas dominicanos en igual número de calles, empezando por la vía ubicada al frente de la casa donde se inició la hazaña patriótica y siguiendo a las demás, situadas en dirección Este-Oeste.
Amaury, Bienvenido, Virgilio y Ulises no son dignos de tan cuestionable conducta, sólo explicable por la ignorancia política y por tanto, por la carencia de memoria histórica. Ya basta de tanta teatralidad de mal gusto. Sobran los picazos y la manifestación de búsqueda de notoriedad, propias del típico figurero, por medio de la publicación de decenas de composiciones fotográficas.
Ahora, también acontece, como resultado de la apatía mostrada por el síndico de Santo Domingo Este, que el lugar escogido por el Comité que preside doña Manuela, madre del inolvidable Amaury Germán Aristy, para levantar el merecido Monumento a Los Palmeros, además de ser propiedad privada, ha quedado enclavado en el epicentro de un semillero de ranchos y casuchas que, por más esfuerzos que se procuren realizar, será prácticamente imposible sanear, lo cual, por ende, obstaculizará la visita de los dominicanos y extranjeros interesados en conocer, in situ, la historia de Los Titanes del 12 Enero, fuera de que restará esplendor y solemnidad a la obra mencionada.
En pocas palabras, solicitar al doctor Leonel Fernández, Presidente Constitucional de la República, declarar de utilidad pública el terreno donde se procura edificar el monumento en referencia, como una forma de resarcir la incuria e irreverencia que ha puesto de manifiesto el Alcalde de Santo Domingo Este, no es la salida más idónea.
A la luz de la actual realidad, lo atinado sería, a los fines de reducir los procedimientos burocráticos, racionalizar el empleo de los recursos y agilizar el levantamiento de obra, a la vez que materializar un monumento acorde con el pensamiento y el accionar de Los Palmeros, que sus promotores optaran por erigirlo en la rotonda ubicada al inicio de la vía marginal de la Autopista Las América, en las cercanías de las casetas donde se realiza el cobro del Peaje.
De ser escogido el lugar sugerido, el Monumento en cuestión se mantendría en el perímetro donde se desarrolló el patriótico acontecimiento, además de que constituiría un referente cuasi obligatorio a las miradas de las personas que ingresan o salgan de la ciudad de Santo Domingo.
Vale concluir expresando que, a fin de cuenta, lo más importante de Los Palmeros, es su sacrificio y entrega, no mensurable, que como ejemplo ha quedado a la posteridad, lo cual trasciende obra material alguna.
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