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Por Juan Cruz Triffolio*
SANTO DOMINGO ESTE, R.D.- No será fructífera la mejor política diseñada y ejecutada en procura de enfrentar con eficiencia la violencia y la delincuencia si los gobiernos, sobretodo aquellos denominados locales, incumplen con sus responsabilidades.
Poco valor tiene expresar a viva voz por todos los confines el interés en hacer realidad la seguridad ciudadana cuando las principales calles y avenidas carecen de la iluminación necesaria.
Es quimérico creer en la materialización y eficiencia de un Plan de Seguridad Ciudadana cuando, a diario, es obligatorio observar con impotencia como los más importantes puentes que entrelazan al Distrito Nacional con el municipio Santo Domingo Este, estructuras que forman parte de la garantía del Estado, acusan en sus armazones un deterioro inexcusable, al tiempo que en horas de la noche hacen evocar el color de la boca de un lobo.
Como ejemplo irrefutable es importante resaltar el caso del Puente Profesor Juan Bosch, obra emblemática que está llamada a ofertar, tanto al dominicano como a los turistas que visitan el país, una imagen más atractiva y un nivel de seguridad más convincente, principalmente en estos momentos en que una fracción significativa de la sociedad se apresta a celebrar el centenario del laureado cuentista y zorro político vegano.
Resulta muy cuesta arriba convencer a los ciudadanos de cualquier centro poblado urbano de República Dominicana, fundamentalmente en el municipio Santo Domingo Este, -por sólo hacer mención de un caso muy evidente-, que se pretende reestablecer una convivencia social con seguridad ciudadana mientras sus vías vehiculares fundamentales están repletas de desechos sólidos, hoyos y acumulación de aguas, entre otras expresiones que ponen al desnudo una mayúscula carencia eficiencia en una gestión municipal con visión de modernidad.
Por mejor concebido que luzca y traten de explicar un Plan de Seguridad Ciudadana, será prácticamente imposible alcanzar las metas esperadas cuando, en lo inmediato, -se insiste en el ejemplo de Santo Domingo Este- no parece existir un real interés en definir y aplicar las normas que exige un sistema de tránsito y transporte público urbano que tenga como finalidad esencial la protección y la eficacia en un servicio dirigido al llamado “ciudadano de a pie”.
Reducir al desarme del ciudadano civil y al establecimiento de horarios especiales en el consumo de bebidas alcohólicas en centros de esparcimiento habitualmente visitados por parroquianos, -medidas que en su aplicación resultan cuestionables en el ejemplo municipal en cuestión-, representa una controvertible y estéril visión en cuanto a lo que realmente son las expectativas de la mayoría de los ciudadanos en torno a lo que está llamado a ser un proceso y herramienta tendente, en su aplicación, a velar por la tranquilidad y salvaguarda en cualquier espacio territorial.
Encasillar un Plan de Seguridad Ciudadana a las medidas señaladas y otras similares, mientras persisten las huellas consubstanciales de una deficiente y cuestionable práctica gerencial municipal, tal es el caso de Santo Domingo Este, es innegable que al final habría que llegar a la conclusión de robustecer la validez de la máxima popular que en ocasiones advierte sobre la existencia de quienes en el cotidiano vivir se empecinan en “hacer mucha espumas y poco chocolate”.
En otras palabras, sería una especie de invitación a “agarrar el rábano por las hojas”.
La seguridad a que el ciudadano común de cualquier sociedad aspira implica una realidad multifacética, diversa, sin exclusión antojadiza de sus causas esenciales, cimentada más que el bullicioso de una costosa y aparatosa campaña de exhibicionismo, en una sólida voluntad política y de servicio comunitario real.
Obviar esa concepción, sinceramente, sería como arar en el desierto o “pretender que los huevos fritos saquen”….
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* El Autor es Sociólogo - Comunicador
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